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Escribo este artículo inmediatamente después de leer el escrito por Martin Varsavsky, La humildad. Martin cuestiona en el artículo el valor positivo que tiene en la sociedad española esta virtud , RAE -Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento- , comparándola con cómo se vive en Argentina y Estados Unidos.

Llevando esta reflexión al ámbito de la dirección de proyectos, la humildad ha de ser una virtud que no limite al equipo. Es importante conocer las limitaciones y debilidades, pero también las fortalezas y la importancia de comunicar las capacidades que se tienen y los logros que se consiguen. Un director de proyectos no debe ser ni arrogante ni pacato, debe transmitir confianza y optimismo, tanto a su equipo como a su cliente, y eso en parte se hace contando logros, progresos, ensalzando lo positivo, diciendo en voz alta lo cojonudos que somos.

 ¡Humildes sí, pacatos no!